Amon Amarth, muy divos ellos,

actuaron al final del día, y la gente

no estaba ya para atender los con-

tinuos requerimientos de Johan

Hegg a la marcha, a las palmas y al

jolgorio. Demasiada tralla y marcha

para esas horas. Y eso que su es-

cenario, el True Metal, estaba a

rebosar con miles y miles de faná-

ticos seguidores.

Grabaron su actuación, fueron ves-

tidos de auténticos vikingos, nos

ofrecieron un festival de luchas, con

espadas, escudos, lanzas, fuego,

en fin, algo digno de ver

y de disfrutar.

Mucha fuerza, la suya habitual

en Wacken y una gran parafer-

nalia sobre el escenario. Habrá que

comprarse su DVD cuando salga.

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(56 fotografías- dos páginas)