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Amon Amarth,
muy divos ellos,
actuaron al
final del día, y la gente
no estaba ya
para atender los con-
tinuos
requerimientos de Johan
Hegg a la
marcha, a las palmas y al
jolgorio.
Demasiada tralla y marcha
para esas
horas. Y eso que su es-
cenario, el
True Metal, estaba a
rebosar con
miles y miles de faná-
ticos
seguidores.
Grabaron su
actuación, fueron ves-
tidos de
auténticos vikingos, nos
ofrecieron
un festival de luchas, con
espadas,
escudos, lanzas, fuego,
en fin, algo
digno de ver
y de
disfrutar.
Mucha
fuerza, la suya habitual
en Wacken y
una gran parafer-
nalia sobre
el escenario. Habrá que
comprarse su
DVD cuando salga.
Comentario
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