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Lorca y su temido
"infierno" nos
recibieron de un modo distinto a
otros años. Cielo nublado, al-
gunas gotas de lluvia, un día
antes del evento,
descansados,
escasas tiendas
(una docena) y
los mismos impresentables de
siempre, me refiero a los
"crestas" que,
sin nada más que
hacer, se
dedicaron al noble y
saludable deporte
del "mango
todo lo que encuentro".
Nos faltaron la mamá barda y
el niño bardo.
Sentimos su
ausencia. Por lo
demás, fue un
Lorca tranquilo. Junio, en estas
fechas, pasa factura. |